Llegit al bloc de Manuel Area, amb títol “ordenadores en el aula“:

La tendencia general, en Twitter o en Facebook, es contar lo que esa persona está haciendo o pensando en ese mismo momento: qué canción está oyendo, en qué ciudad se encuentra uno, qué web, blog o videoclip acaba de visitar. Existe una irrefrenable tendencia a hacer público lo que es una experiencia personal, a convertir la intimidad en un objeto abierto a la mirada de los otros. En el lenguaje políticamente correcto, se dice que es “compartir”, pero a mí me parece, que en muchas ocasiones, lo que sucede es una especie de striptease de la vida privada que tiene mucho más de exhibicionismo que de colaboración o cooperación social. Quizás el problema sea mío y mi pudor me impide apreciar adecuadamente este tipo de mensajes como relevantes o valiosos.

Supongo que este fenómeno responde a una tendencia sociocultural más amplia que se manifiesta en muchos otros espacios de la comunicación. Me refiero, por ejemplo, al crecimiento de los denominados “reality shows” que tanto éxito tienen en las televisiones de masas (aquellos programas que retransmiten durante 24 horas lo que un grupo de personas están haciendo). Es el éxito del exhibicionismo a través de la cámara, o si se prefiere, de la retransmisión de la vida en directo. De algún modo, Facebook, Tuentti o Twitter serían lo equivalente en el ámbito de las redes sociales: la exhibición de nuestros gustos, opiniones, fotografías, canciones, páginas web, etc. a los demás (que en lenguaje correcto, se dice que son nuestros “amigos”).

La responsabilidad de los educadores

En definitiva, digo que no me gusta Facebook o Twitter porque no me atrae la exhibición de lo que pertenece a la esfera de la experiencia e intimidad  personal y porque no me gusta leer meras ocurrencias escritas telegráficamente. Lo que considero valioso es escribir y leer textos bien argumentados, correctamente redactados y reflexivos. El problema, como ya dije, no es la existencia de estos canales de comunicación espontánea y rápida, sino que los mismos se están convirtiendo, para muchos sujetos, prácticamente en la única forma de comunicación digital.

Nosotros los educadores tenemos que ser conscientes de que ello pudiera ser una rémora o perjuicio para la formación de competencias culturales plenas y de calidad en los adolescentes y jóvenes. Está bien participar en las redes sociales, pero no nos olvidemos que para un maestro o educador lo relevante es formar ciudadanos cultos, críticos e inteligentes. Y por ello, tenemos que saber que las formas de escritura propias de Facebook, de Tuenti, o Twitter no favorecen ni potencian competencias culturales basadas en la reflexión racional. Ésta solamente se cultiva con la lectura y análisis de textos narrativos coherentes y extensos sean de literatura, de periodismo, de ciencia, o de ensayo. Las redes sociales son simplemente eso: redes sociales, no necesariamente espacios de aprendizaje formal.

Imatge via News Hopper

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